Se puede estar enfermo de trabajo. Uno puede estar tan quemado con su trabajo o con la gente con la que trabaja cada día que se pone malo, literalmente, sólo de pensar que tiene que volver al día siguiente. Aparecen síntomas, evidencias claras de que algo no funciona. Nuestro cuerpo nos avisa y sólo podemos plantearnos dejarlo. Cuando el estrés y el agotamiento van más allá de lo normal ha llegado el momento de cambiar de trabajo.
En la línea de lo que hablamos en el último post, hay que estar muy seguros de lo que ocurre cuando vamos a dejar un trabajo. Tenemos que saber qué es lo que no funciona. Pero si hemos hecho una lectura correcta y llegamos a la conclusión que se trata de un problema con nuestro trabajo, entonces toca buscar alternativas.
Sea en el mismo sector en el que trabajas ahora o en uno distinto, un curso de formación te vendrá bien para adquirir, mejorar o actualizar tus conocimientos. De hecho, la formación es la base del éxito para los que les gusta su trabajo, así como para quienes no lo soportan.
En cualquier caso, y no nos desviemos más del tema, si sientes que:
- No has conseguido integrarte en el grupo de trabajo.
- Te sientes incómodo, atacado, ninguneado.
- Sientes ansiedad, angustia, dolores de cabeza, agotamiento físico, etc.
No hay duda, toca plantearse un cambio.
