Curso de albañil. ¡Soy arbañí!

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Pese a no haber cosechado el éxito que se esperaba de una pieza de tal magnitud, algunos hemos escuchado la canción de nuestro hiperactivo amigo “Er Koala” unas cuantas veces este verano: “Soy Arbañí”. El tema debe su nombre al noble oficio de la albañilería que era la profesión del querido cantautor antes de dedicarse a la música (maldito ese día). Pero bromas aparte, la canción ha puesto este oficio a veces olvidado a veces ninguneado en boca de la gente, y me sirve a mi para hablar de él.

Cuando a finales del 2008 el sector de la construcción se desplomó, todo el mundo le auguraba lo peor a profesiones como la de los albañiles. Creían que también caerían. Pero pasado un año, vemos que no sólo mantienen el volumen de negocio si no que incluso aumentan sus beneficios. Y es que una época en la que la gente no puede permitirse comprar cosas nuevas, los que se encargan de reparar y mejorar las viejas tienen mucho que decir.

Apuntarse hoy a un curso de albañil es apostar por un sector con un modelo de negocio que funciona, y en el que tienes muchas posibilidades de hacer avanzar tu carrera de diferentes formas: trabajando para una empresa, a título propio, o montando tu negocio particular. Lo bueno es que puedes decidir en función de tus prioridades y tus posibilidades.

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